El desastre (antinatural).

Nos quitaron la luz, se llevaron las velas
nos dejaron la mesa vacía y el corazón lleno de ausencias.

Andamos con prisa bajo los escombros,
sobre nuestras cabezas las ruinas de lo que éramos
antes del desastre
(antinatural)
al que nos sometieron estos gobiernos.
Sin temor a dios, y a ningún santo
nos han arrebatado la vida de las manos
invadieron nuestro campo
nos han despojado de nuestra tierra,
y de nuestros hermanos
los exiliados.
Esta noche una extranjera en el extranjero
extraña su casa porque hace frío
y yo la extraño a ella
y ansío verla de nuevo, entre el gentío.
Esta noche una madre llora a su hijo perdido,
se lo mató una bala perdida mientras jugaba en la esquina
“fue el bandido ese de la Florida”, escuchó a la vecina.
Esta noche una niña y un perro pasean por la avenida
con el estómago en las costillas,
ella cayó rendida junto a la autopista
un carro pasó a doscientos y su cuerpo ahora yace en el pavimento
extendido,
el perro que escuchó el alarido
salió corriendo y se tumbó a su lado
esperando al otro carro para acabar el sufrimiento estando dormido

Esta noche. Esta noche como cada noche estoy yo buscando la tregua en una palabra.
Nos quitaron la luz (otra vez), se llevaron las velas, nos dejaron el corazón roto y la ausencia.
Pero nos quedan las voces de los que aún cantan, y las palabras.

 

 

 

 

 

De una muerte a medias.

Ahora entiendo lo que es la muerte
que no es necesario yacer metros
bajo tierra
ahora que vago inerte
en la superficie
ahora que soy polvo disperso
que el viento sopla
las cenizas de una poesía incinerada por el tiempo
con resacas de ayer
ahora que ya no hay aliento
entiendo que hay muchas maneras de morirse
que hay muchos tipos de muertes
que no quiero flores ni epitafios
les dije a los míos
que no guarden luto
que el luto es frío
y esta muerte es negra
esta muerte es parcial
pero el sueño es profundo y me dejo llevar…
Soy un cuerpo inapetente
que deambula sin descanso
por caminos llenos de gente y soledad
un celaje que se pierde en la ciudad
dejé de estar viva
mis arterias son ríos por los que sólo corren ausencias
dejé de latir
mis palabras están en pena extinción.

Génesis (II).

¿Quién pintó la mañana insurrecta y la noche de seda
con sus trazos de colores y crayones de cera?
¿Quién mutiló a la mismísima muerte
dibujando la vida en espacios inertes?
Al principio…
Génesis, ¿de dónde proviene tu canción?
Del vino de tus labios desciende una cascada
caída vertical de agua sagrada
se levantaron los bosques que estaban dormidos
pronunciaron tu nombre y comenzaron los latidos.
Génesis de la creación, ¿qué gritan tus manos?,
¿de qué está hecho el dolor?
Del vaivén de tus caderas brotaron verdes cordilleras
y de tu piel, serena el mar, la arena, los peces…
Génesis del tiempo, ¿adónde van tus voces?,
¿adónde las lleva el viento?
Génesis del universo, dime, ¿de qué están hechos tus versos?,
¿acaso es magma convertido en roca,
o son sólo melodías que tocas?
Tu arte es tormenta huracanada
ola que revienta contra ésta moral simulada
cataclismo que derriba las paredes del mutismo al que nos han sometido
vanguardia que libera ideales consumidos:
ser
dejar de ser
amar
cantar
contemplar.
Génesis, mi tierra te proclama
no dejes que se apague la llama
moja con tus ríos éstos ojos míos
que el vergel de tu vientre sea el ayer de siempre.
Génesis, hija de la Luna
de constelaciones se teje tu cuna
en los anillos de Saturno jugabas descalza
sin demoras
bajo el cielo de Urano se te iban las horas.
Génesis
diáfana
eterna
impetuosa
libre
diosa de ésta pretensión tácita.
Génesis insurrecta,
Génesis de seda
con tus trazos de colores y crayones de cera.

 

Ella.

La palabra se desliza suavemente
ligera
como la seda en mi piel
al ras del papel
en blanco
solloza inquieta
como criatura hambrienta ante los pechos de su madre
frágil y volátil
como pluma al viento
se mece entre líneas
queriendo ser tiempo
se desnuda ante mí
como lo hace el mar
ante pupilas despiertas
me acaricia por la espalda
con sus manos abiertas
su cuerpo es la sal
la retengo un instante
pero se disuelve
se deforma, estalla y ya es otra.
Se va.
La pierdo, es inevitable
y entonces regresa
serena y campante
de la alquimia renace
convertida en oro
“lux calida…” como canta un coro
me absorbe y la siento mía
pero es ella quien me posee
con su gracia me sostiene
y me deja al borde de una entelequía
de mis dedos brota
convertida en  otra
inundando la hoja con su roja poesía
como sangre en la herida
como avalancha de nieve
como tormenta breve
violenta estampida
y me abandona,
una vez más
se pierde
y ya no es ella sino otra
vuelve con otro cuerpo
y con otra vestidura
se transmuta, se disuelve
se desliza suavemente
me invade
estalla
se deforma
y ya no es ella, sino otra.

 

Renacimiento.

¿Adónde voy con los pies heridos y las manos rotas
a buscar la vida?
Más allá de la línea que dibuja el horizonte,
más allá de tu cintura fina, más allá del monte
en lo alto de la montaña donde pueda besar a la luna.
Pequeños destellos alumbran mis pasos,
tales como ésos que emanaba tu cabello lacio cuando daba el sol.
¿Adónde voy ahora, más allá del mar a buscar la vida,
a buscar la muerte?
Quiero conocer la libertad
como lo hizo Alfonsina vestida de sal,
bajo la blanca arena, bajo los restos de su historia
bajo los cuerpos desahuciados de los que todavía respiran pero han olvidado sus porqués, ¿adónde voy ahora queriendo flotar sobre las aguas, queriendo escapar
buscando reposo o ganar la carrera?
Me miro en el espejo y ya no estoy,
ya no soy más que un reflejo de pies heridos y manos rotas
de piel raída con la ropa gastada y el alma agrietada,
¿adónde voy queriendo desaparecer?,
romper cadenas y ser el viento, la calma, la noche,
las palmas cuando bailan en la playa desierta
la profundidad del cielo, el azul intenso,
un viaje sin retorno un sueño sin memoria.
¿Adónde voy ahora a buscar la vida mirando fijamente a la muerte?

Al renacimiento.

Revienta

Cierra los ojos, 

cuenta hasta diez 

respira, vuelve a contar

y revienta 

“fz”-sforzando-

que un grito desesperado

haga estallar al mundo

y a ti

revienta, my Little Girl

hazte pedazos

no sostengas más escombros

en tus brazos

desmorónate, que la vida es eso

suelta, 

revienta, my Little Girl

húndete en la pena

y la soledad te acompañará

en tu reflejo 

desnuda al temor

y que en tus ojos llueva el cristal

ahora mírate, 

deshecha 

pero libre, 

inclínate y recoge pieza a pieza

con las manos rotas

los trozos de tu cuerpo cansado,

vuélvete a armar

y baila, descalza por los aires

despega los pies de ese suelo

ya destruido

y elévate, my Little Girl

que tú eres del viento

ahora, sin peso

asciende

vuelve a tu sitio

y con la música de tus adentros

vuelve a formar un planeta

con nuevas voces, nuevos astros

con nuevos sueños

y mañana, cuando te veas raída

sumergida en el vacío estridente

sin cantos ni poesías

desmorónate, estalla

y   r e v i e n t a, my Little Girl

cuenta hasta diez

respira, vuelve a empezar

cierra los ojos, vuelve a contar…

A modo de epílogo.

Me aviento una vez más ante éste impulso necio… Y pienso que esto no podía terminar así.

A modo de epílogo digo que el mundo es grande y que la paz descansa en pequeños rincones jamás visitados, se esconde por timidez, pero de vez en cuando se deja ver; en alguna mirada dirigida a ningún sitio, en aquel encuentro casual que se hizo infinito en tu memoria, en el café de mi madre junto a su melodía libertaria cada tarde, o en los versos de mi padre que le hablan al viento y a la vida. Paz, dime ¿de qué estás hecha?, ¿cómo es que eres tan frágil, y a la vez tan honda?, ¿por qué es imposible retenerte, si regresas siempre? Paz, llévame a ése sitio donde reposas, muéstrame cómo crecen tus bosques, enséñame el Paraíso, si es que es real.

A modo de epílogo digo que el mundo es grande, pesa y quiero romper con él, no quiero cargarlo más en la espalda, ni en los hombros, ni en las costillas, ni bajo ésta piel, porque la poesía me regaló alas de pájaro y el viento me espera con ansias. Volar es tarea sencilla si viajas ligero, en mí no queda espacio para moralidades forzadas e irreales, prefabricadas por quienes han olvidado que la belleza está en la absoluta naturalidad del ser –en la naturaleza desnuda—.

A modo de epílogo también digo que es mejor detenerse cuando ya no hay abismo al cual aventarse, y callar –aunque las manos tiemblen—y el silencio sea estridente.
Respira sin prisa, ama sin demora, contempla la vida.
No cedas más ante la pena y el desasosiego, busca entre las rocas del río tu andar perdido.

Yo, por mi parte a modo de epílogo, deseo que mi canto jamás se extinga, que la sensibilidad me abarque siempre y que nunca me abandone la poesía.
Mis letras aguardan una metamorfosis; un color que ya no sea el tuyo.
Aunque mis voces te pronuncien, y la paz se guarde entre tus dedos, aunque mis versos no dejen de ser tuyos, a modo de epílogo digo ya no.

Ser -vida-

                                         a:  G. U.
                                            “Vida.”

Cerrar los ojos y en sólo un respiro
ser el eterno latido del bosque
y el vuelo imparable de aquel ave
que quiso entregarse al viento
cantando odas a la Libertad.
La montaña palpita incesante
la tarde es una canción,
al cerrar los ojos
los altos pinos reverdecen en el interior.
Silencio.
El mar existe en la mirada que contempla sin prisa,
las olas son de arte, bailan con la brisa
y revientan contra los muros implantados
por aquellos que no sueñan,
que están vivos, pero no.
Silencio.
Ser la calma
un reloj detenido y sin tiempo
buscar formas en las nubes
y saber que el crepúsculo habita en nuestra piel
que los poros son focos de luz
que iluminan aceras de ciudades oscuras
que las cicatrices son huellas de vida
-o la vida, en sí misma-
restos de otras pieles,
marcas que dejaron otros amaneceres.
Silencio.
Ser la noche, y sabernos hermanos de la Luna
cercanos a las estrellas,
basta con cerrar los ojos para ser una de ellas.
Si la palabra pudiera abarcar la vida
sin duda la escribiría en un poema
y así retenerla en mis manos
pero se esparce, como semilla
se dispersa con el aire
y es del todo, y es la nada
y es de todos, pero no le pertenece a nadie.

Es la vida.

Sextante.

Te busco en el amarillo del araguaney
en la sombra fresca de la tarde, en el vaivén de un sauce
entre las esquirlas de las palabras que rompí
por no decirte, jamás
en la madera que tallaste, en el cuadro que dejaste en la pared
en las abstractas formas que se dibujan en la cerámica
en el polvo debajo del sofá, en el humo en la taza de café, y no estás.
Te he buscado en las marcas de la tierra,
en los restos del cielo, en las esquinas de una ciudad remota
en textos perdidos, en la anatomía de un verso, en la barra del bar,
te he buscado en los cráteres de la luna
en los confines del universo, en los restos del polvo espacial, y no estás.
Te busco pero estás distante
de esta vida, de este tiempo
te busco en las huellas, soy un caminante
y me he perdido en el silencio
naufragué en una costa desierta, y te busco en el océano
y en las estrellas
mi alma navega entre otras almas, buscándote
ya no sé del tiempo ni de la lejanía
mi único norte es encontrarte
tengo pocas cosas, y mis ojos se mantienen despiertos
ante lo cristales de un sextante.

The Girl from Ipanema

Conquistemos al mundo desde las sábanas
-le dije-
era domingo, y ella era mágica
iba de la sala al comedor
descalza
bailaba bossa nova
era mi ‘Agua de Beber’
la chica de Ipanema
su piel era un poema y verla
era un placer
siempre estaba ebria
de libertad
citaba de memoria a Benavente,
a Lorca, y a Verlaine
decía que el amor era una puerta abierta
y que para amar no hacía falta tener puertas
sino ventanas
para mirar las estrellas
proclamaba el vivir sin ataduras
y yo vivía del efímero instante en su cintura
‘Fly me to the Moon’ –le decía-
con ella caminaba en la luna
vimos a los árboles vestirse
en la primavera sideral
mientras ella se desvestía
y sólo se cubría con vehemencia
y poesía.
Era domingo
y ella era mágica
bailaba descalza
y una noche se esfumó
le escribí, y le escribí
tengo poemas que llevan su nombre
pero nunca más la vi
la busqué sin descanso en las flores del jardín,
en los versos que leía
pero no estaba
ni en las canciones que cantaba
destruí todas las puertas
construí ventanas
esperando que se asomara en una noche estrellada
y nunca más volvió.
Aún la busco en los libros de ficción,
en el fondo de la taza, en el cuadro de van Gogh
y ella ya no está
belleza que existe y que nunca fue mía
ahora ya no la veo pasar
ni llenar al mundo de gracia
con su balanceo camino del mar.
Pero no puedo terminar así
es domingo y ya no hay magia
y se me acaban las palabras
y sigo esperándola
en la radio
cada vez que suena…
                       ‘La Chica de Ipanema.’